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26-06-2020
​Al final de la desescalada he tenido ocasión de constatar que muchos, como yo, fuimos presa, desde el inicio del confinamiento, de un renovado deseo de orden. Las trabas al desplazamiento exterior recondujeron nuestra energía hacia una pulsión de organización interna, favorecida por el excedente de tiempo disponible. Al fin se había de afrontar la lucha, siempre postergada, contra el caos doméstico, que, por supuesto, ha concluido en una derrota sin paliativos. Leer más
​Hace unos diez años, un grupo de profesionales sanitarios que trabajaba en un servicio de atención a usuarios de drogas me explicó el concepto de reducción de daños. Recuerdo que en aquel momento tenía ciertas reticencias a aceptarlo, pero con el tiempo me he convertido en una defensora de esta idea. El equipo sanitario al que me he referido -médicos, enfermeras y asistentes sociales- aceptaba que los usuarios fueran consumidores de drogas activos. Pero procuraba que dejaran de asumir riesgos en su adicción y, por ejemplo, entre otras iniciativas, promovían la entrega de material no contaminado para inyectarse heroína o cocaína. El objetivo era muy claro: evitar el contagio del sida, que en aquel momento estaba en cifras muy elevadas, para lo cual invitaban a los usuarios a que no compartieran jeringuillas y las utilizaran una sola vez. Ahí estaba la reducción de daños. Leer más
​La prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine, haciendo referencia a los sanitarios que atendieron en primera línea a pacientes con Covid-19, declaraba que deberían ser recordados para siempre como héroes. En nuestro entorno para siempre ha durado 15 días. En los días más duros de la epidemia era un sentido general que había que invertir más en sanidad, investigación, mejorar las condiciones asistenciales y la retribución de los profesionales sanitarios. Pero esto también ha durado 15 días. Leer más
Las calles, calladas y quietas, eran el escenario de una peli "fin del mundo". Podías salir a la compra, y eso era todo. Entonces, si no cogías el coche, sentías esa sensación permanente de amenaza, por no cruzarte con nadie, porque te preguntabas quién habría tras las ventanas cerradas, las fachadas incólumes. Pasaba lento a veces cerca tuyo un coche patrulla e inconscientemente agitabas tu bolsa de la compra como para decir "eh, que estoy aquí de legal". Con el tiempo aprendiste a identificar unos turismos grises, medianos, que con los aplausos de las ocho encendían las luces azules y el sonido de las sirenas en su interior. Caías en la cuenta de que con esos también te cruzaste, que te vigilaron sin que tú lo supieras. Leer más
Hace unas noches, pude disfrutar de El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco. Pensé, inmediatamente, en la certeza del arquero; en Antonio Rebollo en aquella Barcelona del 92, volviéndose hacia Juan Antonio Epifanio, como diciéndole: «Ya la hemos hecho». Como los testimonios de uno mismo acostumbran a ser poco fiables, como dice en alguna parte Penelope Lively, opté por invitar al visionado a mi compañero más fiel: un cuaderno de tapas negras a rayas en el que se escribe bastante bien, con pulcritud. Pude entonces, relajarme y, como digo, deleitarme en el ejercicio. Porque lo justo es que a un espectáculo de la memoria le siga una escritura que transite un camino suave. Leer más
Hay una "hora de la tarde" para el examen de conciencia. En La peste, el jesuita estudioso de san Agustín y de la antigua iglesia africana, el "defensor caluroso de un cristianismo exigente", Paneloux, invita al médico agnóstico Rieux a "amar lo que no podemos comprender". Rieux, entregado a la profesión que ama, decía hacer, como Paneloux, "el camino de la verdad luchando contra la creación tal como era". Leer más
El lenguaje tiene poder no solo porque sirve para comunicarnos sino porque, si es que lo hacemos, con él pensamos. Las palabras son unidades básicas del lenguaje, ladrillos con que levantamos las ideas que rigen nuestra forma de obrar, incluso de ser, y nos permiten relacionarnos, comunicarlas. Cierto es que a menudo decimos antes de pensar, y no pocas veces lo lamentamos, cosa que demuestra la importancia de medir las palabras, de conocer su valor y su peso, su significado, porque hablando se entiende la gente o no se entiende. Las palabras no solo tienen poder sino que lo dan: con palabras pedimos, amamos, sentimos, soñamos, herimos, sanamos, aprendemos, engañamos, mentimos. Quien domina el lenguaje domina el poder y de ahí esa pelea y el afán muchas veces ridículo pero siempre eficaz por controlar lo que llaman relato o discurso aun a costa de manipularlo sin remilgos. Así se desfiguran, se embadurnan y disfrazan las palabras a fin de que no sirvan para entendernos sino para enredarnos. Nos quitan, nos hurtan la palabra y su sentido, y uno, hecho un lío, no sabe ya cómo pensar. Leer más
Para el blog de esta semana, tenía hilvanada mi colaboración. No me podía alejar del tema COVID-19, no me sale, no se puede. Pero llegó la notícia de una pérdida cercana a causa suya: Eduardo Cierco, colaborador y amigo desde hace más de medio siglo. Era tan próximo a nosotros, intelectual y emocionalmente, que, antes de que el virus le quitara la vida, estaba escribiendo un texto sobre su relación con El Ciervo, con motivo de los 70 años de la revista. Como primer recuerdo y homenaje, hemos pedido un texto a su nieto, Fabián, tantas veces intermediario entre El Ciervo y Eduardo. Vendrán otras palabras para un recuerdo largo porque Eduardo llegó para quedarse con nosotros. Nos deja esa calidez que le era propia y que nos confortará siempre. Leer más
La poética de la resistencia hasta el fin, llenar de fuego la vida para que sea el combustible de la última batalla. La muerte de un pueblo, de una manera de ver el mundo, de una lengua, de toda una cultura. Sacrificio por el todo o nada. Sagunto fue un destacado enclave de la antigüedad, habitado por iberos, ubicado en la costa Mediterránea entre las actuales ciudades de Castellón de la Plana y Valencia. Sagunto resistió los envites de los todo poderosos cartagineses hasta inmolarse en el año 219 a.C. Leer más
Considera Ramón Irigoyen que quizás las traducciones de Constantino Cavafis (1863-1933) realizadas por el poeta Lázaro Santana estén entre las mejores que circulan en español. Tienen, dice, "una arquitectura de poema perfecta". Damos aquí la espléndida versión suya del poema "Los troyanos", incluida en su antología 75 poemas de Cavafis (1973). Leer más