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El vientre vacío

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3-12-2019

Ganas de gritar es lo que dan al volver la última página de El vientre vacío, de la periodista Noemí López Trujillo y editado por Capitán Swing. Constituye la larga pregunta sin respuesta de una mujer, y de toda una generación de mujeres, a porqué no pueden ser madres. La incertidumbre laboral y económica pesan al formar una familia hasta hacerla inviable. Pero no todo es achacable a la pobreza. Las mujeres de nuestro país han asumido desde tiempo atrás el mejor valor del feminismo, ser iguales en capacidades y derechos al varón, pero no las ha acompañado en ese avance ni la legislación ni el mercado laboral. Si en comparación a hace treinta años hay muchas más mujeres tanto en puestos directivos como en empleos básicos hay que atribuir el mérito de esa conquista a su esfuerzo personal, al apoyo de sus familias, y a poco más. El país a cuya prosperidad contribuyen, todas ellas, jamás ha considerado facilitar su maternidad. A diferencia de vecinos como Francia, Alemania o Austria, referentes de la UE, aquí no se considera siquiera que deba ayudarse a los ciudadanos a tener hijos. Se reclaman en cambio para pagar las pensiones y dar viabilidad al futuro, como si en lugar de personas habláramos de mercancías. De súbditos en lugar de ciudadanos. Y esto debería cabrearnos muchísimo. 

Debería hacernos gritar también, porque esos vientres vacíos, tan bien definidos por López Trujillo, son el legado recibido por lo que se hizo antes de nosotros, y un problema inmenso para nuestras compañeras. Alguien ignora todavía que conjugar el deseo de ser madre con una carrera laboral de éxito entraña enormes dificultades. Comenzando por la misma entrevista de trabajo. Cuando el entrevistador le pregunta a una mujer si va a embarazarse, para descartarla, lo hace sabiendo que ni hay leyes fuertes, ni una opinión pública beligerante, ni un estado defensor de la natalidad que le impida ese abuso. Para colmo, hasta el propio movimiento feminista, hoy más universalizado, entra en contradicciones cuando se trata de conjugar la maternidad con la reivindicación de ser iguales al varón. La propia autora, que se define como parte del feminismo, nos explica que en otro período de su vida, más beligerante, hubiera arrancado un anuncio de clínica de fertilidad al que ahora mira con interés. Yo mismo, como hombre seguro de la igualdad de géneros, no puedo decir en voz alta que la maternidad sea parte de la condición de la mujer, una libre elección pero también un deseo lícito, porque en muchos círculos sería considerado machista. Pero lo cierto, y López Trujillo lo recoge en su libro, es que para nosotros los varones el tema de tener hijos no es una prioridad, ni motivo de frustración no llegar a ser padres.

El vientre vacío nos manda a todos un mensaje: porqué vamos a tolerar un estado al que no le importa un comino si le alumbramos un futuro en nuestros hijos. Ya sabemos que los partidos políticos españoles, sin importar su ideología, no enfrentan proyectos serios de natalidad, y estos a su vez apenas encuentran espacio en los programas electorales. Allá se las apañen ustedes ciudadanos, que si no paren ya traeremos emigrantes. Cuáles, digo yo. ¿Los mismos a quienes no se admiten en las fronteras, o los menores almacenados en los CIEs?

Este país no tiene un plan estatal para sí mismo, menos aún uno para remedio de su baja natalidad. En cuanto a los ciudadanos a quienes sí nos preocupa este problema, tampoco tenemos palabras que decirles a las afectadas, o ayuda que prestarles. Cómo, me pregunté a mi mismo al terminar el libro de la periodista, que concluye sin respuestas, y con la aceptación de la derrota. Cómo responder a ella, y a todas las mujeres que quieren ser madres y no pueden. Algunas periodistas, tocadas por su obra, han escrito reseñas que podrían resumirse  en “échale ovarios”, que los hijos no se tienen cuando se alcanza la seguridad y el bienestar, que se tienen y punto. Eso, más que una respuesta, parece un desahogo, y ahí creo que radica la grandeza periodística y documental de El vientre vacío. Que al terminar su lectura carecemos de palabras que oponerle, de acciones que poner en marcha para que una generación, o varias, no queden con sus vientres definitivamente vacíos.

Martín Sacristán, periodista y escritor

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