Regalos de cumpleaños

El primer número de El Ciervo salió el pasado mes de junio… de 1951, de manera que con este, el 757, la revista cumple 65 años. Sesenta y cinco no es una de esas cifras acabadas en cero que son motivo de festejos, pero se trata de un guarismo muy significativo en nuestra cultura: a los 65 la gente se jubila. O mejor sería decir se jubilaba, porque ahora muchos lo hacen antes, algunos bastante des­pués y otros no lo harán nunca. El Ciervo es uno de estos últimos. Los cérvidos no se jubilan y este en particular no conoce mejor destino y ocupación que seguir brincando en busca del agua de la fuente que da vida. Con todo el júbilo, eso sí, y dispuesto a ganarse el jubileo y la indulgencia de sus lectores, por supuesto. Sesenta y cinco años y setecien­tos cincuenta y siete números: no está nada mal ni es poca cosa, vaya, y escrito así, sin la frialdad seca de los dígitos, en letras que casi llenan una línea completa parece incluso más: palabras mayores. O más largas.

Estamos, pues, contentos y queremos compartir con ustedes dos estupendos regalos de aniversario. El primero es un obsequio que nos hace Javier Mariscal. Ya han visto la magnífica portada dedicada a Brasil y si pasan página van a reencontrarse con un personaje al que queremos mucho. Es El señor del caballito, esa criatura –quizá un alter ego– de Mariscal que cayó en El Ciervo en los primeros años setenta y aquí vuelve tan campante con sus pequeñas aventuras. El señor del caballito es una fusión de caballo y caballero siem­pre andante que observa el mundo y sus detalles, sus des­tellos poéticos, sus paradojas e ironías y contempla la vida que pasa con la mirada limpia y la misma perplejidad con la que por la vida pasa él. Tenemos que agradecer a Mariscal que haya aceptado, solo por el afecto que tiene a El Ciervo, resucitar a este personaje entrañable, uno de los primeros que creó. ¡Que alegría!

El segundo regalo es otra buena noticia: ganamos un número más cada año. En los últimos tiempos veníamos publicando cinco –el de mayo-​junio cubría todo el verano – , pero a partir de ahora serán seis –mayo-​junio, que es este, y julio-​agosto, el próximo – . Esto ha sido posible gracias al patrocinio generoso de un buen amigo de esta casa que conoce los números (me refiero a las cuentas) y nos asegura los recursos para mantener esta edición de seis al año por lo menos durante los próximos tres. Es un gran regalo, nos obliga y nos anima a mejorar. Como lo ha sido también la puesta en marcha de la edición digital, la tienda por inter­net y el blog de El Ciervo que nos dan pleno acceso a la gran telaraña universal. Y que ha requerido una inversión, no solo de entusiasmo, aportada por varios amigos más. Gracias a todos.

Cumplimos pues 65 años con novedades y buenos pro­yectos en marcha. Los ciervos no se jubilan y los ciervistas tampoco. La extraordinaria, por poco corriente, continui­dad de nuestra revista –la decana de las publicaciones de pensamiento y cultura de España– es fruto de la perseve­rancia de unos miles de personas dispuestas a mantener un medio de comunicación que las vincula. Hay pocas revistas con las que sus lectores y suscriptores se sientan tan vincu­lados y bien dispuestos a colaborar, a ayudar y a respaldar. Los de El Ciervo se sienten parte de él. Y con razón, porque lo son.

Esta continuidad longeva es ya casi una permanencia. Nos lo hace notar un amigo que nos felicita el cumplea­ños parafraseando el conocido cuento de Monterroso y el dinosaurio: “Cuando desperté, el ciervo todavía estaba allí”. Aquí está, en efecto, y no se trata de un milagro sino de una decisión, de un deseo. Mientras sigamos queriéndolo, El Ciervo seguirá tratando de aportar cosas tan valiosas y sen­cillas como un poco de calma al espíritu, lectura sosegada y material para el conocimiento, la reflexión y el ejercicio del pensamiento libre. No es poca cosa en estos tiempos tan ‘’corridos”, en expresión de uno de los amigos brasileños que ha colaborado en este número al disculparse por un leve retraso en la entrega de su artículo: “Desculpe a demora mas a vida anda corrida e o Brasil agitado”.

Cierto. La vida corre mucho, allí y aquí, pero al menos los brasileños –es algo que se deduce del Trasfondo de este número– no pierden la sonrisa por más que motivos no les faltan. No es un tópico. Sonreír se toma en Brasil como una forma de vida, una forma sabia heredada de siglos de gente acostumbrada a sobrevivir. No es gratuita o impostada y ni siquiera es incompatible con la tristeza. Como cantó Vinícius de Moraes: “la alegría es la mejor cosa que existe, pero para hacer una samba con belleza se precisa un poquito de tristeza”. Porque la tristeza, dice, lleva siempre con ella la esperanza de que un día dejaremos de estar tristes. Es una bonita manera de definir la samba: como una esperanza de alegría. O, concluye Vinícius, como una bendición: “La buena samba es una forma de oración”.

Así es como nos gusta que El Ciervo siga avanzando. Con una sonrisa y la esperanza de mejorar. Con modestia. Poco a poco, pero un poco siempre. No podrá decirse que no sea un buen método teniendo en cuenta que cumplimos 65 años. Y que sean muchos más.

Jaume Boix Director de El Ciervo

Número 763

Mayo/​Junio 2017

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