¿Es posible un mundo en paz?

Desde siempre el ser humano se ha cuestionado sobre la paz en el mundo. Probablemente, en los últimos años ha sido más recurrente porque la actualidad política mundial es cada vez más imprevisible y estremecedora. ¿Podemos dar hoy una respuesta clara a esta pregunta: es o no posible un mundo en paz? Suele sentenciarse que la Historia de la humanidad es la historia de un cúmulo de violencias sucesivas, convertidas en batallas y guerras sanguinarias, lideradas por dictadores y tiranos que han convertido al ser humano en una especie de depredador insaciable. Pero se ignora una parte muy importante y mayoritaria de la Historia, que es la que ha trabado una larga trayectoria pacífica y pacifista, que lleva milenios desarrolándose discreta y a veces silenciosamente.

Es verdad que el mundo de inicios del siglo XXI se caracteriza por una geopolítica compleja, donde la globalización coexiste con las graves desigualdades sociales y económicas. Al mismo tiempo, esta situación propicia un crecimiento de la intolerancia, de los extremismos políticos, de los conflictos y, sobre todo, de la violencia. Sin embargo, existe la percepción histórica y actual de que la cultura de la violencia somete a toda la humanidad sin remedio aparente alguno.

Hay que reconocer que esta es una trabajada percepción, notablemente extendida por diferentes canales. En ocasiones es por razones sociales, como la importante influencia de los medios de comunicación, que realizan una excesiva televisación de la violencia, a la que contribuye la banalización de la misma por otros recursos como el cine o los videojuegos. También lo es por razones económicas o políticas, como la agresiva defensa que ejercen los lobbies de la influyente industria del armamento sobre los gobiernos y determinadas corrientes de opinión pública. Finalmente, también existen razones psicológicas, como es el pesimismo social dominante y el temor generalizado basado en análisis superficiales de la realidad, que tienden a confirmar que el mundo va a peor sin alternativas, y que sólo la violencia es definitivamente efectiva.

A pesar de todo, la Historia de la humanidad demuestra testarudamente, de época en época, que su trayectoria es de progreso incontestable, pese a innegables retrocesos temporales. Lo evidente y probado es que las generaciones han mejorado sus niveles de vida y su bienestar siglo a siglo, y que el mundo ha desarrollado instituciones mundiales para la concordia y la paz, ha impulsado una legislación internacional en defensa de los derechos humanos que persigue los crímenes contra la humanidad, y aunque el hambre –por ejemplo– es sin duda el genocidio de nuestra época, se combate como nunca antes contra él. El terrorismo islamista es también una grave lacra, pero se olvida a menudo que en la misma región surgieron las “primaveras árabes” que maravillaron al mundo. Las armas de destrucción masiva son un severo peligro para el futuro de la humanidad, pero no se recuerda suficientemente que los mayores avances en desarme se efectuaron durante la Guerra Fría, y que las armas biológicas, las minas antipersona o las bombas de dispersión fueron prohibidas por acuerdos internacionales, que impulsaron ince-​santemente organizaciones pacifistas del mundo entero. Hoy mismo, es de rabiosa actualidad el acuerdo que Naciones Unidas está encauzando para prohibir el armamento nuclear en pocos anos.

Otros ejemplos del avance en materia de cultura de paz son la inversión en educación para la paz en muchos centros educativos, la creciente sensibilización social sobre la no violencia, la difusión y promoción de los derechos humanos, la adhesión de muchos ciudadanos y colectivos a diversas oenegés, los crecientes recursos sobre mediación y resolución de conflictos, o la proliferación de estudios universitarios sobre la paz, el desarrollo, la cooperación, los derechos humanos o las relaciones internacionales, en numerosas universidades del mundo, por solo citar algunos ejemplos más. .

Es, por tanto, posible un “mundo en paz”? No lo podrá ser si se pretende definir esta situación como un estado estable y estanco del mundo, porque la humanidad es dinámica en sí misma, y en la vida de las personas no existen tampoco estados permanentes e inmutables. Pero si un “mundo en paz” es la lucha colectiva, la concienciación personal, el esfuerzo de muchos y la perseverancia de tantos, la paz –taciturna y tenaz – , está ya conquistando el mundo desde hace milenios. La sabiduría del viejo proverbio africano es concluyente: “Más ruidoso –dice– es un solo árbol cayendo que un bosque entero creciendo”.

Xavier Garí de Barbarà Doctor en historia contemporanea, Facultad de Humanidades, Universitat Internacional de Catalunya

Número 761

Enero/​Febrero 2017

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