Con frecuencia, en mis trabajos sobre la juventud, he insistido en que no hay juventud sino jóvenes, pues la juventud engloba colectivos muy diferentes. En frase célebre, el sociólogo francés Pierre Bourdieu afirmó en el año 1978 que “la jeuneusse n’est qu’un mot”, significando con ello que no se puede subsumir bajo el mismo concepto (la juventud) universos sociales que no tienen prácticamente nada en común, más allá de la edad. De ahí que hayamos preferido hablar de adolescentes y jóvenes, y nos hayamos esforzado por establecer sus tipologías.

Por otra parte, es evidente que la juventud española de 2016 presenta algunas singularidades que la diferencian de la de veinte años antes, o de la francesa, alemana o nórdica del actual año en curso. Es lo que hace ya casi un siglo defendía el sociólogo húngaro Karl Mannheim, al afirmar que “solamente las personas que han vivido experiencias similares pueden generar situaciones generacionales”. Esta idea, con la que comulgo desde siempre, sin embargo, no me lleva a aceptar los estereotipos que han conducido a determinar la juventud de un momento y contexto concretos con un solo término, o una sola expresión que, supuestamente, vendría a calificarla. Recuérdese cuando se hablaba de la generación “X”, de la generación “Y”, la generación “@”, últimamente de la generación “perdida”. Todo eso no es sino brocha gorda.

En estas líneas vamos a presentar, de forma demasiado sucinta, lo admito, básicamente, dos trabajos que responden a los dos apartados que acabo de subrayar: la última tipología que sobre los jóvenes españoles publiqué el año 2014, por un lado, y algunos datos relevantes de un Índice Sintético de la juventud española de 2016. Ambos trabajos se han elaborado en el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

UNA TIPOLOGÍA DE LOS JÓVENES ESPAÑOLES DE 2014

Trabajé en la elaboración de la Tipología con un total de 53 informaciones de los jóvenes: 20 referidas a las características que, según ellos mismos, les definen como personas jóvenes; 15 en donde nos dicen su valoración de una serie de comportamientos en los valores asociados a la justificación de comportamientos y 18 ítems que nos informan de las prioridades vitales de los jóvenes en su vida. Es lo que denominamos valores finalistas. Este fue el resultado final:

Tipo 1. Conservadores por la integración (22,1%). Jóvenes que miran al futuro buscando el éxito profesional y económico, para lo que entienden que deben adquirir una buena capacitación cultural y profesional. Valoran especialmente su vida familiar, destacan por sus actitudes altruistas y rechazan verse como adolescentes eternos. Más interesados por la política que la media y por el bienestar de todos, pero quieren que se les garantice un entorno seguro, con gobiernos fuertes. Valoran las instituciones en mayor grado que la media.

Tipo 2. Despreocupados por lo ajeno: instalados en el presente (28,2%). Tienden al autismo social: no valoran el compromiso político, medioambiental o religioso. Son presentistas. Rechazan el incivismo ciudadano, aunque justifican piratear discos, videos o películas, y trampear en los exámenes. Son los que en mayor grado manifiestan indiferencia hacia la “cosa pública”. Son los menos dispuestos a hacer renuncias por el bienestar de todos.

Tipo 3. Rebeldes, con causa; y un tanto confusos (21,0%). Son jóvenes con una visión crítica de la sociedad. Se niegan a compartir los rasgos colectivos que no les gustan, y tratan de diferenciarse. Desconfían y cuestionan, algo confusos porque no les gusta lo que hay y no ven muchas alternativas. Es el grupo que más a la izquierda se sitúa. Rechazan de forma rotunda el autoritarismo, sostienen que “la vida cultural y social de un país se enriquece con la presencia de inmigrantes”. No justifican la pena de muerte o el maltrato a detenidos. En este colectivo, y en otro similar de nuestra Tipología de 2006, se encuentra el núcleo juvenil de lo que después sería Podemos.

Tipo 4. Incívicos despreocupados: los que sostienen el tópico (14,4%). Responden al estereotipo del joven muy pasota: marcado por su incivismo ciudadano, su egoísmo, su relativismo moral, su despreocupación por lo público y su hedonismo acrítico y primario. No creen en el esfuerzo personal y confían más en la suerte, los apoyos exteriores y la falta de escrúpulos. En el campo político tienden hacia el conservadurismo en su elección de modelos y políticas sociales, con defensa relativa de posturas xenófobas e insolidarias.

Tipo 5. Conservadores altruistas: con escasos recursos y muy religiosos (8,0%). Muy marcados por dos variables: la más alta religiosidad (25% se dicen católicos practicantes) y el más bajo nivel de clase social (el 56% provienen de clases sociales “baja” y “media baja”). Muestran un fuerte rechazo a los planteamientos más rupturistas de la ortodoxia moral oficial (sobre todo religiosa) y apoyan en mayor medida que la media el compromiso social. Así, justifican menos que otros “la libertad total para abortar”, “la eutanasia”, y “la adopción de hijos por homosexuales/​lesbianas”, a la vez que subrayan el interés por “los temas políticos y lo que ocurre en el mundo”, por “mejorar el barrio o comunidad” y por las “cuestiones religiosas o espirituales”. En el campo político se posicionan más a la derecha que la media y son los que en mayor grado manifiestan tener confianza en las instituciones.

LA JUVENTUD ESPAÑOLA DE 2016, EN RELACIÓN A LA EUROPEA Y DIFERENCIADA EN SUS PERFILES AUTONÓMICOS

En este punto nos basamos en el Índice de Desarrollo Juvenil Comparado 2016, elaborado por primera vez por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en el marco del ProyectoScopio. El Índice, que se renovará anualmente, está elaborado a partir de datos relativos a educación, empleo, emancipación, vida (mortalidad, fecundidad, accidentes y suicidios) y uso de nuevas tecnologías. En él se permite comparar el estado de la juventud española con la europea y también entre Comunidades Autónomas. Se presentó el 6 de octubre del presente año 2016.

En términos generales, España muestra un importante retraso en el Índice de Desarrollo Juvenil Comparado 2016 respecto al total de la UE. Fundamentalmente por los resultados obtenidos en las variables de empleo y emancipación que lastran el resultado global del índice a pesar de que España, en las variables de vida y TIC, por el contrario, supera el total de la UE.

Los resultados por países muestran una diferenciación norte-​sureste en la Europa de los 28. Ese mismo eje de desarrollo se observa en cuanto a Comunidades Autónomas. Las primeras posiciones en la tabla de desarrollo de la juventud

–exceptuando el caso de Madrid– están ocupadas por Comunidades norteñas como País Vasco, Navarra o Asturias. En posiciones más postreras encontramos Comunidades como Andalucía o Castilla-​La Mancha. Y, por último, las islas.

En educación, España ocupa también un lugar algo inferior a la media de la UE, aunque con varias comunidades que la superan con creces, con el País Vasco a la cabeza, seguida por Madrid, Navarra y Asturias.

La tasa de desempleo de la población joven en la UE es de 17,6 por ciento y la de España de 39,6 por ciento. La tasa del desempleo juvenil en Austria es del 8,8 por ciento, la cifra más baja de la tabla, y la de un 47,3 por ciento de Canarias, la más elevada.

En los países nórdicos es donde antes tiene lugar la emancipación familiar y en el sur donde más tarde. En España, la Comunidad Valenciana, Cataluña y el País Vasco donde antes (o menos tarde) se emancipan los jóvenes de su familia de origen. En Canarias, Andalucía, Cantabria, La Rioja, en este orden, donde más tarde. Las causas son más que las exclusivamente económicas.

En la dimensión del Índice bajo el epígrafe de Vida (mortalidad, tasa de fecundidad, accidentes o suicidios…), trece comunidades de España se posicionan por encima de la media europea. Y en cuanto al uso de las nuevas tecnologías, también los jóvenes españoles se sitúan por encima de la media de la Unión Europea.

Javier Elzo catedrático emérito de sociología, Universidad de Deusto.

Número 765

Septiembre/​Octubre 2017

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