Número 652653

Número 652653

Julio-​agosto 2005

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El trabajo del negro

Jordi Pérez Colomé
Periodista
Hace unas semanas llegó a la redacción de El Ciervo un artículo con una tarjeta que decía: “Se puede reducir el texto, modificarlo y hacer los cambios necesarios. Se permite la intervención de un ‘negro’”. Es poco habitual que alguien dé este amable permiso para retocar su artículo. Enmendar textos ajenos está mal visto y más aún si es sin el permiso del autor.

Al menos, soy famoso

Íñigo Méndez de Vigo
Eurodiputado del Partido Popular
Supe muy pronto –probablemente antes que el poeta– que la vida iba en serio. Recibí de mis padres, en especial de mi madre, una educación estricta donde el cumplimiento del deber era una obligación y no un éxito.

África merece más

Hemos perdido en El Ciervo la cuenta de cuántas veces en los últimos años hemos escrito que “ha llegado la hora de África”. Es una hora que parece retrasarse. Ahora los países más ricos del mundo han decidido perdonar 40.000 millones de dólares a dieciocho de los países más pobres.

En memoria de Paul Ricoeur

Carlos Eymar
Filósofo
La primera vez que oí pronunciar el nombre de Ricoeur fue, allá por el año 1972, a Manuel Maceiras, profesor de Filosofía de la Complutense que, por aquellas fechas, pasaba por ser uno de los mejores especialistas del filósofo francés. Junto a Carlos Díaz, en la vieja editorial Gredos, publicó un libro con el título Introducción al personalismo actual en el cual, además de Jean Lacroix y Maurice Nédoncelle, aparecían Mounier y Ricoeur como figuras centrales.

Estoy de vuelta

Salvador Pániker
Escritor y filósofo
Ante todo una aclaración. En contra de lo que algunos han dicho, jamás he defendido que se pueda vivir sin ego. Por el contrario, estimo que vivir sin ego es tan imposible como vivir sin hígado o pulmones.

Si claro, dos veces bueno

Peter Schjeldahl, crítico de arte del New Yorker, miraba una película de dibujos en la Japan Society de Nueva York. A su lado, un chico que seguía con atención, dijo: “No consigo entender la historia”. La joven que le acompañaba le respondió con amabilidad: “No tienes que entenderla, sólo te tiene que gustar”.

No soy el centro del baile

Máximo
Dibujante
No lo mimo y lo siento, porque uno debe sentirse muy bien creyéndose el centro del baile.

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