Número 650

Número 650

Mayo 2005

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Un poco de apertura

Miquel Siguan
Catedrático emérito de psicología
En 1951 hacía doce años que había acabado la guerra, doce años en los que el régimen de los vencedores pretendía imponer su peculiar visión de España. Pero más aún que sus consecuencias políticas, lo que había dejado la guerra era un país empobrecido y en el límite de la subsistencia, una pobreza agravada todavía por el aislamiento. Poco después de terminada la guerra española habían empezado los largos años de la guerra mundial y una vez terminada ésta en 1945 los aliados habían decidido ignorar al régimen español. En 1951 el aislamiento empezaba a romperse.

Las películas de mi época

Manuel Quinto
A principios de la década de los 50, el cine se hallaba en un momento muy especial en su desarrollo como arte y como industria. La posguerra producía el neorrealismo en Italia, los festivales descubrían el cine japonés de Kurosawa, en los Estados Unidos estaba en auge la caza de brujas del infausto senador McCarthy, mientras que Renoir y Ophuls regresaban a Francia.

Los tranvías vacíos

Rafael Abella
Historiador
El invierno 195051 había sido muy crudo. Un año más, el país soportaba las penurias derivadas de nuestra posguerra, del escuálido racionamiento –en vigor desde 1939– y de una política autárquica insensata acentuada por el aislamiento internacional, base del mercado negro y de su manifestación más popular, a la que llamaban estraperlo.

La biblioteca de mi generación

Carlos Eymar
Tengo una especial inclinación por los libros que pesan, en gramos y en conceptos. En los anaqueles de mi biblioteca se acumulan las principales obras de Platón, Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás. Sin embargo, el mayor espacio lo ocupan los 44 tomos de las Marx Engels Werke de la Dietz Verlag, junto a numerosos libros de marxistas y marxólogos que, durante los diez años que duró la elaboración de mis dos tesis doctorales, reclamaron la mayor parte de mis esfuerzos.

La reina del hogar

Rosario Bofill
Periodista
La casa la llevaba la mujer y el hombre trabajaba fuera. La mujer era la reina del hogar (pronto se cansaría del eufemismo). En las casas todo solía estar en orden. Cuando llegaba el invierno se ponían alfombras y cortinas gruesas. Al llegar el buen tiempo se quitaban y los sofás y sillones a veces se cubrían con fundas de cretonas de flores para dar a la casa un aire primaveral. El veraneo era largo –de San Juan hasta primeros de octubre – , las fundas, que también podían ser blancas, no se quitarían hasta volver.

50 años de avances y apuros económicos

Pere Escorsa
Catedrático de Economía d la Universidad Politécnica de Catalunya
Década de los 40 y primeros años 50 del pasado siglo xx. Hambre. Cartillas de racionamiento. Pan moreno. Malas cosechas. Estraperlo (mercado negro). Carne congelada argentina y leche en polvo americana. Dura represión política. Censura.

Viví feliz en mi pueblo

Montserrat Obiols
Asistente social
Vivo desde siempre en Sant Just Desvern, cerca de Barcelona. Mi pueblo, en 1951, cuando yo tenía 10 años, tenía unos 3.000 habitantes, y lo recuerdo sencillo y amable, familiar. Gozábamos de un buen mercado, de la iglesia parroquial, de las Escuelas Nuria y, de un gran Ateneo orgullo del pueblo, construido hacia 1918 por la gente del pueblo y que era el centro y corazón cultural.

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