Embridar el cuerpo

Javier Elzo
La pregunta se las trae. No porque no sea pertinente pues, a fin de cuentas, intentamos hacer de nuestra vida aquello que nos atrae y nos estimula y esperamos estar a la altura. Pero, muchas veces, nuestro empeño o, más exactamente, los objetivos concretos de nuestros empeños, no nos los formulamos directamente. Puede incluso que los ocultemos, pues nos resultarían difíciles de aceptar en su desnuda verdad. Consciente o inconscientemente. No creo que en castellano exista la distinción que, en su acepción psicológica, se da en francés entre “reprimer” et “refouler”. En el primer caso, se trata de un rechazo consciente de algo (un deseo, un objetivo, un anhelo). Con el término “refouler” ese rechazo puede no ser consciente para el sujeto pues el “ello”, el depósito inconsciente de nuestros valores, le impide, incluso, que asome a su conciencia.
Se preguntará quizá algún lector qué hace un sociólogo metiéndose en psicología. Psicología más que elemental, soy consciente de ello, pero en la que creo. La respuesta es que, con 67 años, no puedo, ni quiero, engañarme.
Dicho lo anterior, y ya respondiendo a la cuestión, espero seguir trabajando con el mismo placer que he trabajado toda mi vida, procurando corregir algo mi adicción al trabajo (como me señala mi mujer) y, así, salir a pasear más (para perder kilos, como me recomiendan los médicos y amigos); escaparme a París, Londres, Berlín, Viena y, claro está, a Madrid y a mi querida Barcelona a escuchar, en buenas condiciones, la mejor música de la temporada. Espero también que, aunque mi cuerpo cada día me exija más atención, no sea, cual fatum arbitrario o probabilístico, quien decida, el cómo, el cuándo y el porqué de mi salida de esta vida. Además no estoy dispuesto a renunciar a unos cuantos vasos de buen vino, con algún acompañamiento sólido pues, dicen los médicos, que es malo beber a secas.

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