Número 708

Número 708

Marzo 2010

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Mi magdalena es una galleta

Lola Mayo

Mi biblioteca de iniciación, conciencia de la literatura y perplejidad

Nora Catelli
Hay muchas bibliotecas en la vida de una lectora. Algunas son sucesivas; otras, paralelas. Las sucesivas son tres: las de iniciación; la de la conciencia de la literatura; la del resto de la vida, que es la de la perplejidad. Dentro de estas bibliotecas sucesivas hay zonas que no se tocan.

Chéjov, el humanista de la austeridad

Enrique Moreno Castillo
No está mal que dediquemos un espacio a Chéjov en el 150 aniversario de su nacimiento, porque se trata de uno de esos escritores hacia los que no sólo se siente admiración, como hacia todos los grandes, sino también agradecimiento.

El primer amor

Carmen Vargas
Mi afición por la música surge en realidad antes de los 40 años, en plena juventud cuando ejercía de monitora de colonias y estudiaba los primeros años de universidad. Comencé con la guitarra para acompañar y para cantar con los jóvenes del esplai.

Una taza de café

Francis García Collado
El auge de las cafeteras con cápsulas hace tiempo que relegó a mi antigua cafetera al fondo del armario, sin concederle ni tan siquiera un lugar entre las antigüedades que uno sin pretender va acumulando.

Más sonrisas que lágrimas

Geoff Belligoi
A los cuarenta y tantos, decidí empezar a aprender a tocar el saxo. Todo comenzó con un padre conocido cuya hija empezó a tocarlo, y encontró dos de segunda mano de oferta. Los compró y empezó a aprender con ella.

Compromiso matrimonial

Mercè Solé
Pues sí. Mi anárquico matrimonio carece de “proyecto de vida”, pero contiene en cambio dos interesantes acuerdos pactados antes de dar el “sí” definitivo: leer El Jueves cada semana y visitar periódicamente Roma. Dos acuerdos que llevan quince años cumpliéndose a rajatabla.

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