visión trascendente del arte

José Corredor-​Matheos
No es fácil escribir un nuevo comentario sobre Antoni Tàpies, después de todo lo que se ha escrito sobre él durante su vida y, con especial intensidad, con motivo de su pérdida. Su obra tiene múltiples facetas y se presta a diversas interpretaciones, y una valoración ajustada requerirá mayor perspectiva. El tiempo es el crítico más estricto, por más que, de todos modos, toda aportación quede siempre a la espera de nuevas revisiones, que corresponderán a tiempos también nuevos.
En la producción de toda figura importante se ha de distinguir entre su valor propiamente creativo y su significación histórica. Son muchos los artistas cuya aportación se debe, ante todo, a que han sabido ver, o han acompañado a alguien que verdaderamente ha visto, la necesidad de un cambio y han provocado o suscitado que el arte diera pasos decisivos, pero que, en cambio, el valor creativo resulta irrelevante. Ejemplos representativos pueden ser, para qué seguir engañándonos, una figura tan prestigiosa como Marcel Duchamp y otros numerosos pintores y escultores que han encontrado acomodo histórico por razones circunstanciales.
Antoni Tàpies une la doble condición de haber encabezado un cambio de gran significación histórica y dejarnos una obra muy creativa, que en su caso trasciende además lo meramente estético e incluso las condiciones personales. Este entendimiento del arte, que se corresponde con lo que el gran artista ha expresado en numerosas páginas de sus libros y artículos nos abre a una visión trascendente que se orienta a una liberación integral que nos permite ensanchar nuestra visión de la realidad. Con ella alcanza el punto al que se refería Wittgenstein, en que los límites del lenguaje son también los del conocimiento, y el creador ha de abandonar lo ya conocido e intentar nuevos lenguajes, resultados de nuevas visiones.

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