Su influencia

Francesc Ruestes
¿Cómo explicar algo que antes de mi ya existía? Ésta es la pregunta que me asalta al pensar en la figura de Antoni Tàpies. Su obra me resulta tan próxima, tan familiar, que nunca me había detenido a pensar en ello. Solo encuentro similitudes entre su obra y la mía para poder definir su figura.
Al igual que él siempre he estado interesado por los temas de aspecto humano, por la línea entre la vida y la muerte, entre lo material y lo espiritual; al igual que él no busco la complacencia sino interrogar al espectador, hacerlo ir a casa y que tenga la tarea de buscar respuestas a su existencia.
Siempre ha sido una figura cercana a mi. A pesar de no haber tenido la ocasión de conocerle, conocí a todos los miembros de Dau al Set, en especial Joan Brossa y Joan Pons, y eso me hacía sentirle relativo. Al igual que Tàpies, trabajo la materia para evocar al espíritu, utilizo símbolos, combino elementos para que en conjunto comuniquen. Nada es gratuito ni banal, y ésta es la razón por la que me gusta Tàpies.
Muchas veces el gesto más sencillo es el más complejo de entender y este mensaje que con insistencia plasmaba en sus cuadros resulta cada vez más ininteligible para una sociedad tan enajenada por lo material, saturada de tanta inmediatez, que en el arte espera sólo ver espectáculo y del que él se mantuvo al margen. Hoy en día cuesta trabajo entender que para encontrar respuestas hay que ir adentro, aunque a veces sea muy doloroso.
Me viene a la memoria una frase que me dijo en una ocasión Salvador Dalí, “que para ser universal hay que ser ultralocal”, y es por ello que Tàpies, al igual que Dalí y Miró, se convirtió en nuestro catalán más universal.
Nací con Tàpies, crecí con él, estoy madurando con él. No me hago a la idea de que Tàpies se ha ido. Para mi seguirá en su estudio trabajando, como siempre.

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