LITERATURA
Es una necesidad

J. Ernesto Ayala-​Dip
La heterodoxia es una condición sine qua non del espíritu humano. Casi diría que no habría evolución en el campo de todas las disciplinas sociales y científicas sin el concurso renovador de las heterodoxias. Evidentemente hubo en la historia de la humanidad procesos heterodoxos más traumáticos que otros, incluso impregnados de indescriptible crueldad, por ejemplo las heterodoxias religiosas, estigmatizadas como herejías. El cristianismo fue en su momento, en el contexto socio-​cultural de la Roma en tiempo del Imperio, un movimiento heterodoxo, seguramente una herejía para la religión oficial y para una buena parte del imaginario politeísta de la época. La Reforma lo fue respecto al catolicismo imperante del siglo xvi europeo (aunque dudo que lo fuese su reacción en España).
Hoy todavía se puede ser heterodoxo. Incluso diría que se debe, siempre que fuera necesario. Ahora bien, ninguna respuesta heterodoxa puede practicarse sin un mínimo de fundamento. Citaré un ejemplo. Cuando surge hacia mediados del siglo xix el movimiento impresionista, el academicismo pictórico ya no daba más de sí. Insistir en esa escuela era seguir anclado en una mirada que ya no reflejaba la sensibilidad contemporánea. El impresionismo suponía una revolución no sólo en la mezcla de la paleta sino también en la mirada de la naturaleza: la física y la humana. Lo mismo se podría decir del cubismo respecto a la pintura figurativa. Los contornos y siluetas de Picasso o Braque no respetaban la geometría euclidiana, sencillamente porque ésta, estructurando el dibujo, ya no representaba la realidad profunda de la naturaleza: también física y humana. Por lo tanto estamos ante movimientos heterodoxos. La física cuántica es una reacción heterodoxa ante la física de Newton. El Ulises es un vuelco copernicano respecto al naturalismo narrativo; de la misma manera que el naturalismo lo fue respecto al romanticismo y realismo de primera hora. A todos estos movimientos les sobraba razones para su nacimiento. Esas razones fueron sus fundamentos.
El Diccionario de la Lengua Española define el vocablo heterodoxo como el que se halla disconforme con el dogma de una religión y también como el que se opone a prácticas y creencias generalmente admitidas. El María Moliner dice: aplicado a personas, a doctrinas en desacuerdo con la doctrina tenida por verdadera. Copérnico se opuso a la idea de un universo circular y heliocéntrico. Y Galileo siguió su estela científica y casi termina como Giordano Bruno, quemado vivo. En nuestros días y en algunos puntos del planeta, todavía desgraciadamente la religión sigue persiguiendo a los que se rebelan a la ortodoxia. En otros ámbitos, da la impresión de que ya no hay más lugar para ningún movimiento renovador. Como si estuviéramos en la era del fin de las heterodoxias. Las vanguardias literarias durante la segunda mitad del siglo veinte también pareció que se conformaban con sus rotundos logros estéticos. Hasta que el posmodernismo desempolvó la tradición decimonónica y le inyectó una revulsiva dosis de ironía y parodia y conformó un nuevo estilo.
¿Se puede ser hoy heterodoxo? Claro. El cine lo hace constantemente. Los hermanos Coen son heterodoxos casi en cada película. Charly Parker lo fue frente a las armonías periclitadas del jazz tradicional. La danza clásica dejó de ser la eterna repetición de El lago de los cisnes. Queda margen para urgentes heterodoxias. Los nuevos hallazgos formales en todas las actividades del espíritu humano se dirigen siempre hacia su anquilosamiento. La inercia las paraliza, las burocratiza. Sucedió con regímenes políticos como la extinta Unión Soviética, sucede con Cuba, con Corea del Norte. Por eso siempre será necesaria la esperanzadora irrupción de las heterodoxias. Como lo fueron el arte de Dalí, la psicología profunda de Freud y Ciudadano Kane.

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