Editoriales

Cenando con poetas

A la cena de poetas de El Ciervo, agradable tradición veraniega en buena hora instituida por el coordinador de nuestro Pliego de poesía, Alejandro Duque Amusco, no faltó este año Enrique Badosa, en su feliz debut como nonagenario después de que la Universidad de Barcelona le dedicara un merecido homenaje del que damos noticia en este número

Cortoplacismo

Cortoplacismo es una palabra menos agraciada incluso que lo que significa. Pero rara no es: al contrario, tiene vida y vigor, figura ya en el diccionario y su uso es tan políticamente correcto que más bien es un abuso.

Jaume Boix

El primer número de El Ciervo salió el pasado mes de junio… de 1951, de manera que con este, el 757, la revista cumple 65 años. Sesenta y cinco no es una de esas cifras acabadas en cero que son motivo de festejos, pero se trata de un guarismo muy significativo en nuestra cultura: a los 65 la gente se jubila.

Jaume Boix

Espero que sigáis todos bien. Recibí tu carta ayer y por el matasellos vi que salió hace diez días, ya ves cómo está el correo. Lo hice notar al cartero y me dijo exactamente esto: “Ya ve cómo está el correo”. Añadió que ni siquiera les dan uniforme y que suerte tiene de que no lo hayan echado.

Jaume Boix

Al cerrar este número, los diputados que elegimos el 20 de diciembre del año pasado llevan tres meses sin ponerse de acuerdo para formar gobierno. Es un poco sorprendente que el reto de dificultad mayor al que se ven enfrentados nuestros dirigentes políticos sea el de acordar quiénes y cómo van a gobernar el país los próximos cuatro años.

Jaume Boix

En los años en que estrenábamos la democracia, el hoy añorado Juan María Bandrés contó un día, creo recordar que en un encuentro en la redacción de El Ciervo, que su partido Euskadiko Ezquerra tenía un diputado especialista en controlar escrupulosamente la gestión administrativa del gobierno vasco.

Jaume Boix

Juan Genovés empezó a pintar El abrazo en el lejano 1973 pero recuerda bien qué le inspiró: el alborozo de unos niños a la salida del colegio. Él pintó adultos, de espaldas, sin rostro y sin color pero con el calor de los que corren a abrazarse. Como los niños al dejar las aulas, sus padres en la pintura parecen expresar un jubiloso alivio o liberación.

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