No puedo irme

Jordi Pérez Colomé

Cuando Lorenzo Gomis mandaba el artículo para esta página y yo –entonces redactor– abría el documento, era un momento especial. No era una pieza más. Allí había exprimido un trozo de El Ciervo. Lorenzo escribía en esta página de “las cosas importantes”. Cada palabra, cada frase, decía algo. No era cualquier cosa, relleno o vaguedades. Era una oportunidad única de entender mejor el mundo con un texto y sin tener que esforzarme para seguir el hilo. Después escribieron aquí sobre todo Rosario Bofill y alguna vez Joaquim Gomis. Cuando empezó a tocarme a mí, procuré no pensar en qué significaba este espacio. Necesitaba esa inconciencia para atreverme. Ahora que escribo mi último editorial en El Ciervo, pienso con más frialdad la magnitud del hecho y es emocionante.

Dejo la dirección de El Ciervo porque dejo Barcelona, por ningún otro motivo. Voy a vivir a Madrid para trabajar en un proyecto nuevo. Solo puedo agradecer la comprensión y el afecto de los administradores en estos años, Soledad Gomis y Fernando Montobbio, las ideas y el apoyo del comité de dirección y la confianza del consejo de administración. El nuevo director será Jaume Boix Angelats, que conoce por dentro esta redacción desde los años 70, y cuya finura y experiencia son extraordinarias. No necesita suerte, El Ciervo será magnífico. Tendrá la ayuda de un equipo espectacular, con el que tanto he compartido: Eugenia de Andrés, Sònia Poch, Manuela Galán.

Llegué a El Ciervo casi de niño, con 23 o 24 años. Como muchos chavales de esa edad, tenía pretensiones. Sé que las tenía y también certezas no solo porque lo recuerdo sino porque llevo ahora tres años de profesor en la universidad y veo a jóvenes como yo. Mis pretensiones eran, sobre todo, creer que sabía escribir y creer además que sabía de periodismo. Lorenzo reaccionaba siempre con elegancia ante mis frases engreídas o mis propuestas raras. Aún hoy me avergüenzo de pensar cómo pude escribir o decir según qué que ya he procurado olvidar. Lorenzo nunca lo hizo notar ni me lo recordó.

Esa fue solo una primera etapa en un largo camino de aprendizaje. Cuando Lorenzo me escribió para ofrecerme el trabajo en la redacción de El Ciervo, yo pasaba un año en China. Un amigo de los Gomis, un chino residente en Barcelona que tenía un restaurante, me había ofrecido aquel trabajo. Acepté en seguida. Para Lorenzo, aquellos meses chinos eran “un noviciado” suficiente.

Pero “el seminario” de verdad fue Calvet 56, la redacción de El Ciervo. No sé cómo hubiera podido aprender en otro lugar cosas que vi aquí. Hoy, casi diez años después de su muerte, aún me pregunto ante asuntos espinosos: “¿Qué hubiera hecho Lorenzo?” No sé qué hubiera hecho, pero da igual: es un buen modo de empezar a pensar. Los grandes rasgos que pude intuir sobre todo en nuestras reuniones de los miércoles aquellos años siguen siendo importantes: la escritura es natural, la impostura es innecesaria, las limitaciones son humanas y son maravillosas, la maldad es absurda, el ejemplo cuenta más que la palabrería, las oportunidades llegan con el trabajo y si no llegan ya llegarán.

El Ciervo ha sido más que periodismo, que solo es mi oficio. He estado vinculado a esta casa durante cerca de la mitad de mi vida. Lorenzo Gomis fue todo en El Ciervo, pero hubo mucho más. Rosario Bofill fue una parte enorme de ese mucho más. Había dos cosas excepcionales en Rosario: la naturalidad y la vitalidad. Recuerdo pocos libros con el cariño que conservo de la lectura de su Quédate con nosotros. He aprendido más de Lorenzo porque no solo era periodista sino que era profesor, pero me he reído más –mucho más– con Rosario.

El Ciervo ha publicado miles de artículos. Me habré leído no solo los que he editado como redactor y director, sino los que hojeaba en búsqueda de textos de otras épocas para números de aniversarios. En todas esas páginas estaba El Ciervo, que es como eran Lorenzo y Rosario, pero también como eran los otros hermanos Gomis, Joan y Joaquim, y sus colaboradores que no los llamamos amigos por nada. He estado horas al teléfono con ellos y son parte esencial de este proyecto familiar.

Revistas del grupo

Nuestra redacción

Publicidad