La biblioteca de José-​Carlos Mainer

Una vieja convicción estoica prefiere los pocos, aunque escogidos, libros. En la segunda Carta a Lucilio, Séneca recomienda: “Mantente alejado de la plétora de libros: si no puedes leer todo lo que puedas poseer, suficiente te sea poseer lo que puedas leer”. Y Petrarca insiste en De remediis utriusque fortunae, donde la Razón discrepa del Gozo: los muchos libros “a unos hicieron sabios y a otros locos, comiendo más de lo que pueden digerir”. Todos recordamos el soneto de Quevedo que se inicia así: “Retirado en la paz de estos desiertos, /​Con pocos pero doctos libros juntos…”. Ni hay mayor elogio de la grandeza de la lectura ni más reticencia ante el exceso de la “libropesía” (así llamaba Quevedo a la hidropesía del comprador compulsivo). Nunca les he hecho caso… Tengo muchos volúmenes y podría ser un ejemplo de la superstición moderna que Gabriel Zaid describió en un precioso ensayo, Los demasiados libros, donde reprobó la inflación bibliográfica e hizo una apología de la pasión por leer. Algún albañil, electricista o carpintero que ha venido por casa me ha preguntado, a la vista de tanto estante repleto: “Pero, ¿se los ha leído usted todos?”.

Nunca he sabido qué contestar a estos estoicos espontáneos. Pero sé que mi relación con un libro es algo más que leerlo: es adquirirlo, hojearlo y sorprender un párrafo feliz; es haberlo deseado largo tiempo y saber que ya es tuyo y ocupará su lugar junto a otros; es sentarte cómodamente y empezar a leerlo…, aunque luego no lo acabes nunca; es ¡qué diablos! saber que lo tienes a mano. Cuando era muy joven los firmaba; dejé de hacerlo pronto por un pudor que, en el fondo, contrapesaba inconscientemente esa vehemencia posesiva.

He sido feliz en las bibliotecas, que es una pasión reposada y paciente como la pesca. Y lo he sido en muchas librerías de bastantes lugares, lo que es más parecido a la caza. Y he pasado largas horas en establecimientos de lance (un término tan significativamente común a la pesca, los naipes y hasta la lidia). De mis años barceloneses nunca olvidaré la invariable visita dominical al Mercat de Sant Antoni… Y todavía me parece oír la consigna de los libreros de precio único que pregonaban ante un informe montón de libros, con la urgencia de la trompa en el momento crucial de la montería: “Poden triar i remenar el que vulguin!” (pueden separar y revolver lo que quieran). Por todas esas razones, las joyas de mi biblioteca son algunos de mis primeros libros.

José-​Carlos Mainer es filólogo, historiador de la literatura y crítico literario. En la actualidad es catedrático jubilado de la Universidad de Zaragoza.

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