Los principales causas que habían posibilitado la subida de precios estaban relacionadas con la falta de viviendas públicas, que solo representaban un 2% del total de residencias; la insuficiencia de viviendas de alquiler o el sobreendeudamiento de las familias, especialmente los jóvenes, que debían dedicar hasta un 60%, de su salario para acceder a la vivienda.
Según Kothari, el motor de aquel proceso especulativo había sido que “los inversores abandonaron la bolsa y buscaron refugio en el mercado inmobiliario lo que tuvo consecuencias directas en el precio de la vivienda”. La razón estaba en que la rentabilidad media de las inversiones inmobiliarias (13,5%) fue mayor que la del mercado de valores (9%). Y constataba que “el aumento de los precios de la vivienda y la especulación han sido la fuente de importantes beneficios para las grandes empresas inmobiliarias, los constructores y los bancos”.
No se cumplieron ninguna de las recomendaciones de Naciones Unidas dirigidas principalmente al fomento de la vivienda pública. Diez años después seguimos con el 2% de vivienda pública. Y lo peor, la vivienda sigue siendo objeto de especulación y se encamina de nuevo a ser la fuente de grandes beneficios. El reciente informe de Estabilidad Financiera del Banco de España señala el aumento de los precios de la vivienda registrado a finales de 2017, frente al mismo periodo del año anterior fue del 7,2%, por encima del 5,6% registrado seis meses antes.

viviendas-pisos-matadero-620x300En el caso de los alquileres las subidas son muy superiores y en algunas ciudades como Madrid han llegado al 17% de promedio. Desde 2012 crece el esfuerzo que deben dedicar las familias para adquirir la vivienda que ya vuelve a superar la renta bruta de siete años. Muchos propietarios se niegan a renovar los contratos a los tres años o exigen aumentos del 30%.
Volvemos a la vivienda como fuente de negocio. Según el Banco de España, la rentabilidad de la inversión en vivienda (alquiler más variación de precios) en 2017 fue del 11,4%, muy superior a la inversión en bolsa (Ibex-​35) que fue del 7,4% o los bonos del Estado a diez años, que se situó en el 1,5%). El gran negocio, sin embargo, es el que obtienen ahora las llamadas socimis (sociedades cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario), nacidas en 2009 y dedicadas al alquiler de sus inmuebles. Estas compañías, exentas del impuesto de sociedades, están viviendo una época dorada con un gran reparto de ganancias a través de los dividendos que en ocasiones triplica el beneficio contable.
Ha vuelto la fiebre especulativa. Los bancos vuelven a dar hipotecas por el 100 % del valor del inmueble, vulnerando las recomendaciones del Banco de España que ha advertido de los riesgos de relajar los criterios en la concesión de hipotecas. Pero los bancos mandan más.
La cuestión de fondo es que el Gobierno no quiere regular el derecho a la vivienda. Con una ínfima parte dedicada a vivienda pública, el negocio está asegurado. La realidad es que nos vamos alejando de Europa, donde la vivienda pública representa el 11%. Desde 2014, la vivienda es un derecho fundamental de los ciudadanos en la Unión Europea. En España es un instrumento fundamental para el enriquecimiento de grandes compañías y entidades financieras. Por esta razón es lógico que la escasez y carestía de viviendas sea el gran motor de las rebeliones juveniles en España en la última década.

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