Agradecido

abrazo. estar agradecido
En 1985, un año antes de mi nacimiento, Rosendo Mercado publicaba “Loco por incordiar”, su álbum en solitario, breve, algo menos de 34 minutos de duración, pero mágico. En este trabajo se encontraba la genuina canción “Agradecido”, himno cultural de varias generaciones de hispanohablantes de todo el mundo. El músico de Vallecas demostraba que podía ser más allá de su grupo Leño.
Rosendo y su canción rock de amor “Agradecido” me sirven como excusa para introducir este texto que poco o nada tiene que ver con el primer párrafo. Vivimos tiempos difíciles en los que cuesta gestionar las incertidumbres del día a día, es complicado construir certezas y proyectar esperanza en el futuro. Pero estoy agradecido.
Tenemos mucha suerte de vivir en el primer mundo, y de vivir en un país en el que existe un sistema de salud pública que ha demostrado, en los perores momentos, ser la red de salvación de nuestra sociedad. Hemos sufrido una pandemia mundial, hemos tenido miedo, hemos estado encerrados, no sabíamos qué pasaba y a pesar de todo, hemos demostrado que somos una sociedad avanzada.
Desde que tengo memoria, este país ha sido muy crítico consigo mismo, tan crítico que costaba decir España. En su lugar, estaba normalizado decir “este país”. Incluso siendo una potencia mundial en cuanto al deporte se refiere, costaba creer que se pudieran alcanzar triunfos internacionales. Siempre nos comparamos con otros países para salir perdiendo.
En cambio, esta crisis sanitaria ha servido para romper tópicos. Después de ver el esfuerzo que ha realizado el personal sanitario ¿quién puede decir que aquí somos unos vagos? Después de ver la capacidad de todo un país para cumplir un confinamiento estricto ¿Quién puede decir que aquí todo el mundo va a la suya? Después de ver la reorganización de empresas e instituciones a sistemas no presenciales ¿Quién puede decir que somos un país atrasado?
Ante un problema total se ha logrado dar una respuesta coral. Pero existe un hartazgo generalizado, el malhumor en las personas y el cabreo en la sociedad se expanden, el ser amable resulta algo cada vez menos habitual. Y aquí, ahora mismo, llegamos al punto dónde quería llegar desde el inicio. ¿Cómo es posible que después de todo no exista un sentimiento generalizado de agradecimiento? ¿Qué sucede para que no valoremos lo que tenemos? ¿Es que acaso no somos conscientes de la brevedad de nuestro tiempo?
He encontrado una posible respuesta: estamos en un proceso de transformación en el que dejamos de ser ciudadanos para ser consumidores. Es un proceso que no se inicia ahora, de hecho, es probable que ya nos encontremos en una fase avanzada del mismo. El ciudadano piensa, actúa, se compromete; el consumidor elige entre distintas opciones y puede reclamar si no queda satisfecho.
Considero que es importante estar agradecido, dar las gracias a los que nos rodean, poder disfrutar de nuestros seres queridos, hasta valorar vivir dónde vivimos. Somos unos afortunados. Ser agradecidos nos crea conciencia de nuestra realidad, porque dar las gracias nos hace darnos cuenta de lo que tenemos, de quiénes somos. Dar las gracias nos hace querer y proteger nuestro entorno, porqué sabemos que si éste se estropea no podremos ir a una tienda a cambiarlo.
Andreu Llabina, historiador
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