Masa madre e Inteligencia Artificial

Un amigo que trabaja en un hospital consiguió un cambio de posición laboral en una promoción interna gracias a una carta de motivación que escribió con ayuda de la Inteligencia Artificial (IA). Otro que es ingeniero me explicó que de forma habitual usa herramientas de IA para hacer cálculos en su trabajo. No son los únicos. Más de un profesor me ha contado —esto es quizá un poco más preocupante— que se sirve de la IA para preparar clases y exámenes. Todos ellos coinciden en subrayar que después del proceso automático intervienen: revisan, filtran y modifican. En esas conversaciones siempre surge la misma pregunta: ¿Qué futuro depara a determinadas profesiones ante la irrupción de la IA? El periodismo siempre sale como posible afectado.

Varias veces me han preguntado por ello en el último año y medio. Lo más fácil es responder con la máxima del reportero ya fallecido Enrique Meneses sobre el periodismo: “Ir, ver, oír y contar”. Yo añadiría que esa fórmula vale para todos los formatos. Lo cierto es que la IA de momento no puede ir, ni ver, ni oír. Solo puede contar a partir de lo que otros le cuentan o ya han contado, puesto que el combustible de la máquina no deja de ser el trabajo ajeno aunque no se cite en ningún lado.

No soy ludita. He explorado qué posibilidades ofrece la IA en alguna ocasión para cuestiones triviales y el resultado nunca ha sido satisfactorio. Un ejemplo: ante la dificultad para entender unas anotaciones manuscritas del excomisario José Manuel Villarejo, rostro visible de las cloacas del Estado, pedí a la IA que nos dijera qué ponía. No pudo. Cuando hago entrevistas es habitual que los editores que se encargan de montar los vídeos me saquen una transcripción minutada en bruto de la grabación con programas de ese tipo en solo unos minutos. A ellos les sirve para encontrar los cortes de forma rápida y subtitularlos si es necesario al preparar el vídeo. Pero yo prefiero volver a escuchar la entrevista de forma pausada. Así es como recupero fragmentos que me habían pasado por alto en un primer momento y me hago a la idea de qué destacar.

Mi abuelo era panadero. Horneaba el pan de madrugada y después lo repartía por todo el pueblo y por los caseríos de Arrigorriaga, en Vizcaya, con una mula que controlaba el tiempo mejor que él, según cuentan los que vivieron esa época. Yo le conocí jubilado, pero sin duda de todo aquello algo ha llegado hasta hoy, aunque hace más de 20 años que ya no está entre nosotros. En mi casa, en sentido amplio, nunca falta pan. A veces incluso en contra de la ortodoxia y para disgusto de los falsos profetas que predican una vida sin cereales no sé muy bien para qué. Allá ellos. Quizá por eso siempre añado que con la IA el periodismo gana enteros y puede suceder lo mismo que con el pan. Se puede comprar en una panadería, elaborado con masa madre y cereales de buena calidad, o bien se puede coger en un supermercado o una gasolinera, que recién hecho parece una cosa y en solo unas horas se convierte en otra, en un trozo de goma en el mejor de los casos. El barato sabemos cuál es. El bueno, también.

En los últimos meses he leído noticias que señalan que Repsol es el primer panadero de España en diarios económicos con 14 millones de barras anuales. Me llamó la atención. Otras informaciones señalan que es Mercadona. Pero también es cierto que ha habido un auge de los de panes más elaborados y de mayor calidad. He empleado esa metáfora de la masa madre varias veces como respuesta cuando me preguntan por el futuro de mi profesión y creía que era original, pero hace unos días escuché al ex secretario general de UGT, Cándido Méndez, en la radio, en la presentación de su nuevo libro y resulta que no lo es tanto.

En Por una nueva concienciación social. Pasado, presente y futuro del empleo en España (Deusto), el exlíder sindical afirma que “cuando vas a echar combustible al coche puedes comprar pan recién hecho en la propia gasolinera”. “Eso ha obligado a muchas panaderías a reinventarse y elaborar pan con la estelar y nunca bien ponderada masa madre o bien rescatar distintos tipos de granos como la espelta, el trigo sarraceno, etc”, prosigue. “Siempre con el objetivo de mejorar la oferta y la calidad del producto para mantener la clientela, ya que el horno eléctrico y la barra precocinada de la gasolinera no pueden competir en calidad y valor nutritivo con el producto del panadero”, concluye. El periodismo tiene que ser como el producto del panadero. Otra cosa es que la IA ayude a calcular cuánto pan hay que hacer cada día para no hacer de más o no trabajar de balde, aunque… el pan siempre se puede aprovechar de una forma u otra.

 

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