
La sucesiva acumulación de desafíos que afronta la humanidad (desigualdades económicas, crisis climática, amenazas a la democracia y al Estado de bienestar) está generando una profunda desazón entre los ciudadanos. Los esfuerzos sectoriales para reducir el calentamiento global o el establecimiento de una fiscalidad internacional justa tropiezan con serias dificultades como ha quedado patente en las reuniones del pasado agosto en Naciones Unidas en Nueva York para establecer una Cooperación Tributaria Internacional.
Con este escenario de fondo parecía imposible afrontar tantos retos a la vez cuyas dimensiones no cesan de crecer. Sin embargo, la interconexión existente entre todos estos desafíos es lo que ha llevado a un grupo de científicos a elaborar el Informe sobre Justicia Global que pretende afrontar estos problemas de una manera conjunta. El propósito es “fundamentar el desarrollo humano y la igualdad en la habitabilidad del planeta”.
El trabajo, en el que han participado más de 200 investigadores, ha sido coordinado por Lucas Chancel, Jonas Dietrich, Cornelia Mohren, Rowaida Moshrif, Moritz Odersky, Thomas Piketty y Anmol Somanchi. Combina las cuatro dimensiones que los debates actuales abordan por separado: la redistribución a escala mundial, una reforma profunda del orden económico internacional, una transformación radical de los sistemas energéticos y cambios sustanciales en los patrones de consumo. La iniciativa se proyecta sobre un largo periodo que se extiende entre 2026 y 2100.
El Informe proporciona cifras muy ilustrativas. Se trata de lograr en 2100 una convergencia de la renta nacional mensual per cápita de 5.000 euros en todos los países. Actualmente la diferencia oscila entre los 290 euros en el África subsahariana y los 4.590 euros en América del Norte. lo que supone una brecha de 16 a 1. Los propósitos de igualdad incluyen que mujeres y hombres converjan en una distribución equitativa del trabajo económico y doméstico, así como en una remuneración media igualitaria.
El propósito es asegurar una educación y salud para todos: El gasto educativo per cápita aumentará hasta los 8.400 euros anuales en todos los países para el año 2100 (hoy varía entre 210 y 4.140 euros) y el gasto sanitario alcanzará los 14.400 euros (actualmente oscila entre 110 y 8.300 euros). La proporción de horas de trabajo a nivel mundial dedicadas a la educación y la salud pasará del 11% actual al 43% en 2100. La relevancia que estos científicos dan a la salud coincide con la tesis del economista Tim Jackson, quien en La economía del cuidado (Paidós) sostiene que la prosperidad humana depende sobre todo de la salud y no de la riqueza.
El Informe sobre la Justicia Global prioriza la reducción de la desigualdad al fijarse como objetivo que la participación de la mitad inferior de la población en la riqueza mundial aumente desde el 2% actual al 30%. Al mismo tiempo, propone que los multimillonarios reduzcan su participación en la riqueza del 6% actual al 0,05%. Para lograrlo prevé un impuesto global sobre la riqueza, que aumenta progresivamente hasta el 20% para los multimillonarios y un impuesto sobre la renta que llega al 90% para los tramos más altos. Hay que recordar que después de la Segunda Guerra Mundial tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido estuvieron vigentes tipos fiscales máximos superiores al 93%.
Los cambios previstos en la organización del trabajo significarán que cerca del 90% de la población mundial duplicará sus ingresos al tiempo que trabajará la mitad de horas de lo que hace actualmente. En definitiva, menos trabajo y más emancipación: las horas de trabajo anuales por persona empleada se reducirán desde las 2.100 actuales a cerca de 1.000 para el año 2100.
Todas estas medidas permitirán fijar el calentamiento global en 1,8º C para el año 2100, frente a los más de 4º C, según las proyecciones de referencia.
No es una utopía. Es una hoja de ruta elaborada por científicos que proporciona herramientas a los países para afrontar la múltiple inestabilidad geopolítica, energética y climática que causa tantos estragos en guerras, pobrezas y migraciones. •
POR ANDREU MISSÉ, PERIODISTA.