Un plan para reducir las desigualdades

A finales de año se acumulan los estudios sobre la desigualdad. Y de nuevo se registra un aumento de las desigualdades en el mundo. El informe sobre desigualdad de 2026, (World Inequality Report), dirigido por la economista india Jayati Ghosh, profesora de la Universidad de Massachusetts y el premio Nobel de Economía, Joseph E Stiglitz, ofrece datos inquietantes: el 10% de la población más rica del mundo controla tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que el 50% más pobre apenas posee el 2%. Y precisa que “menos de 60.000 multimillonarios controlan tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad”.

Un mes antes, el Comité Extraordinario de expertos independientes nombrado por el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, presentó otro estudio sobre la desigualdad en el que también Stiglitz había ejercido el liderazgo académico. Este trabajo, con un análisis distinto, concluyó que entre 2000 y 2024 el 1% más rico del mundo acaparó el 41% de toda la nueva riqueza generada, mientras que el 50% más pobre solo se benefició del 1% creado. Este resultado ha reforzado la creciente preocupación por la denominada captura democrática vinculada a la extrema concentración de riqueza.

El estudio impulsado por Ramaphosa, sin embargo, no se limitaba a la constatación estadística del injusto reparto de la riqueza y la renta en el mundo, sino que incluía una propuesta esperanzadora. El Comité Extraordinario urgió a la creación de un Nuevo Panel sobre la Desigualdad destinado a proponer políticas concretas para conseguir un reparto más equitativo de la riqueza y la renta, inspirado en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. El informe fue debatido en la reunión del G-20 celebrada el pasado noviembre en Sudáfrica, cuyo gobierno ostentaba la presidencia del club, que agrupa a diecinueve países desarrollados y emergentes.

Las reflexiones del profesor Stiglitz subrayan los riesgos que se derivan del aumento de las desigualdades. “El mundo —ha explicado el economista— ya reconoció que nos enfrentamos a una emergencia climática; ha llegado el momento de reconocer que también estamos frente a una emergencia de desigualdad. No solo es injusta y erosiona la cohesión social, sino que además representa un desafío para nuestra economía y nuestra política. Nuestro Comité está convencido de que algunos de los peores efectos de la desigualdad se manifiestan en el funcionamiento de la democracia”.

No debería sorprender que la iniciativa a favor de una sociedad más igualitaria haya surgido en Sudáfrica, el país más industrializado de África, pero uno de los más desiguales del mundo. Un país donde el 10% más rico controla 66% de la renta, mientras que el 50% más pobre solo dispone del 6% de los ingresos. En España, país que se sitúa entre los de desigualdad moderada, el 10% más rico obtiene el 33% de la renta y el 50% más pobre consigue el 23%.

Históricamente la lucha por la igualdad siempre ha sido impulsada por los más desiguales. La profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de París Diderot, Michelle Perrot, ha explicado en Liberté, Egalité, Fraternité (Éditions de l‘Aube) que la igualdad no es una realidad sino un objetivo. “Un camino, una batalla. Para adquirir los derechos ha sido necesario que los desiguales, los fuera de la ley  esclavos, siervos, pobres, proletarios, prisioneros, mujeres, negros, etc.— luchen”.

Es un camino lleno también de contradicciones. Hay que recordar que la Revolución francesa, a pesar de su potente lema libertad, igualdad, fraternidad, prohibió el voto a las mujeres que no lograron ejercer el sufragio femenino hasta 1944. En España, las primeras elecciones generales con participación femenina fueron las celebradas en noviembre de 1933 durante la Segunda República. Un derecho que fue liquidado por el franquismo y no fue recuperado hasta las primeras elecciones generales de la democracia en 1977.

La iniciativa de Sudáfrica supone un punto de inflexión. En España un estudio de Oxfam revela la exagerada brecha salarial en las grandes empresas en las que el salario más alto es 111 veces superior a la nómina media y que las mujeres ganaron el 8,16% menos que los hombres por el mismo trabajo en 2024. La organización ha pedido al Gobierno que limite las diferencias salariales a una ratio de 1 a 20 y adopte medidas para cerrar la brecha salarial entre mujeres y hombres. Cada vez hay más conciencia y propuestas en contra de tantas desigualdades.•

Por Andreu Missé, periodista. 

 

 

 

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