Construir ciudades, derribar muros

Propulsado urbi et orbi por la bendición papal de la torre máxima de la Sagrada Familia, el genio de Gaudí es celebrado en todo el mundo, e incluso venerado, puesto que en marcha está el proceso de beatificación del llamado Arquitecto de Dios, de cuya muerte se cumple este año el centenario. Barcelona debe mucho, sin duda, al genial arquitecto, a su osada inspiración y su a desaforada inventiva, a su alabanza de la línea curva, la ondulación imposible, la asimetría, la imitación pétrea de la naturaleza, el arte de esculpir la luz y hurgar en las raíces. Todo este deslumbrante raudal artístico de asombrosa potencia ha hecho hasta ahora pasar desapercibido el aniversario también redondo y oportuno de otro genio constructor, los 150 años de la muerte de Ildefonso Cerdà. (Qué manía, por cierto, esa de celebrar las defunciones).
Cerdà es el reverso de Gaudí: si este es la cruz —y en verdad que cruces no faltan en su surtido catálogo de iconografía católica— Cerdà es la cara: la razón, las coordenadas, la escuadra, la línea recta, la cuadrícula. La ciudad de Barcelona, la imagen sobre el plano que proyecta esta urbe tras derribar las murallas, el perfil que la identifica y distingue debe más al ingeniero Cerdà, inventor del urbanismo, diseñador de la malla ortogonal y los chaflanes del Ensanche, que al delirio bullente de Gaudí.
A la Barcelona moderna Cerdà le puso el esqueleto; Gaudí adornó su piel con dibujos imborrables, como un precursor de esa floreciente industria de los tatuajes. Uno con los pies en el suelo y el otro con la cabeza en los cielos, ninguno de los dos fue en su tiempo bien tratado, comprendido o celebrado. Al contrario, fueron controvertidos. Gaudí por sus rupturas del orden formal y del buen gusto normativo; Cerdà porque su obsesión fue ordenar el espacio pensando en el futuro y limitando drásticamente las ambiciones especuladoras de promotores y propietarios, como nos cuenta Álex Masllorens en este número. No pudo con ellos, y lo que limitaron de mala manera fue su plan; su nombre trataron de olvidarlo escondido en una llamada plaza que en realidad es una rotonda en un cruce de autovías. Ahora el ayuntamiento va a dedicarle un monumento en el centro de Barcelona. Por fin, 150 años después.
Además de los fastos de la Sagrada Familia, el viaje de León XIV por España dejó en Barcelona la emotiva foto del abrazo a una interna de la prisión de Brians. “Estuve en la cárcel y vinieron a verme”. Así quiso mostrarlo el papa con su ejemplo, y así es fuera de foco: hay voluntarios que lo hacen de manera regular y callada, por convicción, por fe, por solidaridad, por echar una mano. En este número también hablamos de ellos y de cómo están hoy las cárceles, que mucho han mejorado y mucho tienen por mejorar.
Una foto más que nos ha dejado el periplo por España de León XIV es la de otro abrazo, en la Gran Canaria, a dos jóvenes que llegaron en patera. La guirnalda que el papa lanzó al Atlántico en memoria de los miles de migrantes a los que se tragó el océano, y de los que mueren sin lápida en nuestro qué le voy a hacer Mediterráneo es un gesto contra la desvergüenza de esa miserable derecha europea que gobierna y un aviso a los supuestos cristianos que querrían ver hundido el Open Arms. La acogida a los migrantes, ofrecerles refugio, consuelo, trabajo y condiciones para integrarse en una nueva vida junto a nosotros es la Controversia de Valladolid de nuestros días, nos muestra el periscopio del profesor Fernando Rey. Si la de hace 500 años versaba sobre cómo tratar o maltratar a los nativos de la América colonizada, la Controversia que hoy debemos plantearnos consiste en cómo tratamos o maltratamos a los inmigrantes. Si como invasores bárbaros a los que hay que detener con muros y expulsarlos, o como personas con la misma dignidad que la de todas, es decir exactamente como la nuestra.
“Derribemos los muros que dividen, alejan y aíslan para construir algo bello, hermoso y duradero”, dijo el papa en la Almudena. Todos aplaudieron, creo que todos. •

Por Jaume Boix, director de El Ciervo

Compartir