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Después del espectáculo

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20-09-2018

De un tiempo a esta parte, cuando se habla de deporte, me vienen a la mente dos temas: la incuestionable brecha que existe entre el deporte masculino y el femenino; y la importancia del deporte espectáculo, sus perversiones y posibles soluciones.

De todos es sabido que, en nuestro país, las deportistas sufren una gran discriminación. Los equipos femeninos se quedan con los peores horarios, peores campos para entrenar y jugar sus partidos, además, los mejores entrenadores dirigen equipos masculinos. En el deporte femenino hay pocas mujeres fuera del terreno de juego, a excepción de contadas entrenadoras, árbitros, presidentas y directivas.

Si hacemos una breve comparación económica entre las mejores divisiones del fútbol masculino y femenino vemos que a) los equipos de la LFP (Liga de Fútbol Profesional [equipos de Primera y Segunda División masculina]) tienen esta temporada 2018-19 un tope salarial de 2.836,9 millones de euros y b) paralelamente, por primera vez las jugadoras de Primera División femenina tendrán un salario mínimo de 858,55 euros, el mínimo marcado por ley. Esto ha sido posible gracias al aporte económico de la empresa Iberdrola y en menor parte a la RFEF (Real Federación Española de Fútbol).

Existe un abismo entre la competición masculina y la femenina. Los dos equipos de Segunda División masculina con menor tope salarial, Elche (3,8 millones de euros) y Reus (3,1 millones de euros), juntos tienen un presupuesto muy superior al del conjunto de todos los equipos de Primera y Segunda División femenina. Nos encontramos delante de un sistema insostenible. El modelo del fútbol profesional no debería ser un ejemplo a seguir, es un oasis en medio del secarral económico que estriñe el deporte español. No hay dinero ni para fútbol femenino, ni para baloncesto, ni para waterpolo, ni para balonmano, ni para hockey, ni para nada más.

El fútbol masculino a día de hoy es el estandarte del deporte como espectáculo. Un mero negocio televisivo que vive de las audiencias que genera y del potencial que los anunciantes ven en ellas. El deporte como espectáculo vive de las apuestas, y dinamiza de forma indirecta otros negocios no siempre legales, es una maquina muy eficiente de crear héroes, pero todavía es mejor a la hora de generar muñecos rotos.

Un artículo de Sports Illustrated señalaba el drama personal que vivían la mayoría de los deportistas profesionales de élite una vez se retiraban. El 80% de los jugadores de la NFL, y el 60% de los jugadores de la NBA se arruinan cinco años después de retirarse, estas cifras se disparan diez años después. El sistema se centraba en crear a deportistas excepcionales, súper hombres en el terreno de juego, pero personas extremadamente vulnerables en la vida real. Los deportistas no ahorraban o confiaban sus fortunas a inversores que les dejaban sin un duro. Faltan estudios sobre la realidad económica que sufren los ex futbolistas profesionales de todo el mundo.

Existen otras maneras de desarrollar el deporte de élite sin caer en la locura de crear multimillonarios con fecha de caducidad. Hay países que facilitan que a sus deportistas de elite se les contrate en la administración o en empresas públicas, flexibilizando su horario para que pueda desarrollar su potencial deportivo, y a la vez asegurar una carrera profesional. Otros países crean esta red de seguridad a través de empresas privadas que se comprometen con el deporte. Se puede aplicar un modelo deportivo sostenible en lo económico y social.

Se ha asentando la idea que se practica deporte de élite para ser rico y famoso, en lugar de competir para la propia realización personal. En España hay muy pocos/as deportistas que vivan de ello, a excepción de un mínimo y selecto grupo formado, entre otros, por Rafa Nadal, Fernando Alonso, los chicos de la “ÑBA”, algún afortunado de la ACB, los elegidos de la LFP. Son muy pocos pero muy visibles.

Hoy el deporte es precario, mayoritariamente amateur y los hombres acaparan recursos en este sector asimétrico. Desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012 el deporte femenino español se reivindicó gracias a los equipos de waterpolo (medalla de plata) y balonmano (medalla de bronce), superando todas las expectativas. En las competiciones siguientes los buenos resultados no han cesado.

Es tiempo de invertir en “las chicas”, hay talento y las nuevas generaciones llegan pisando fuerte. Ahora es necesario legislar para que instituciones y empresas impulsen el futuro de las deportistas de manera sostenible, demostrando su verdadero compromiso social, por ejemplo, contratando deportistas y ofreciéndoles flexibilidad horaria para que puedan entrenar y viajar a campeonatos. El deporte es pasión y su futuro es femenino.

Andreu Llabina, historiador
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