Pere Casaldàliga: Un Juan de la Cruz "guerillero"

Ayer, 8 de agosto, falleció Pere Casaldáliga, amigo y referente de El Ciervo. En su memoria reproducimos el texto que José Ignacio González Faus escribió para los claretianos y la fotografía de Juan Guerrero, publicada en el número de mayo-junio de 2016 de El Ciervo, dentro de la monografía “Brasil, el paraíso en obras”. El obispo y el fotógrafo unieron sus voces en el libro “Los ojos de los pobres”  y en la exposición itinerante “De profesión, esperanza”.

En Balsareny
(Barcelona) de familia campesina, nació en 1928 Pere Casaldáliga i Pla. Entró
en la orden de los claretianos, fue de misionero a Brasil y en 1971 fue nombrado
obispo de Mato Grosso, una de las diócesis más extensas del país (casi un
tercio de España) dominada por grandes terratenientes millonarios, y poblada
por míseros campesinos.

Desde este lugar
ignoto y miserable, Casaldáliga se convirtió en uno de los obispos más famosos
del mundo, y también en uno de los poetas más serios del siglo XX español.
Cuando llegó a Sao Felix do Araguaia (su sede episcopal), el pueblo tenía unos
ochocientos habitantes. Hoy cuenta más de diez mil y es mundialmente conocido
por la obra de su pastor. Los indios tapirapé habían decidido extinguirse, y
gracias al trabajo paciente e inculturado de unas religiosas, hoy han revivido
y sus barcazas surcan orgullosas el Araguaia.

Por supuesto, ha sido
un obispo muy molesto: incómodo para la curia romana (él escribió a Msr.
Romero: “las curias no podían entenderte / ninguna sinagoga bien montada / puede
entender a Cristo”). Pero muy molesto sobre todo para los “fazendeiros” y
terratenientes brasileños que, como suelen hacer, intentaron acabar con su
vida. Por un error del sicario, la bala destinada a él fue a dar y mató a un
jesuita que le acompañaba. Cuando el episodio se hizo público, Pablo VI tuvo el
valor de decir públicamente al mundo entero: “quien toque a Pedro toca a Pablo”
(quien toque a Msr. Casaldáliga toca al papa). Eso le salvó la vida.

Su poesía, como la de
Juan de la Cruz, es expresión de su experiencia de Dios. Pero también de su
compromiso social. Por eso puede servir de guión para presentarle.

Él dijo de sí mismo
que intentaba actuar “suelta la crin y la ternura suelta”. Buena definición de
la obra del Espíritu cuando el ser humano se deja llevar por ese “aire de Dios”
que sopla donde quiere. La misericordia hecha libertad: eso fue Jesús y, por ello,
los dos rasgos que más se señalan de Él en los evangelios son su libertad y sus
entrañas conmovidas. Pues toda auténtica experiencia de Dios nos envuelve en
misericordia y esa ternura nos da una libertad nueva: suelta la crin, y la
ternura suelta.

Por eso: “si no sabéis quien soy, si os desconcierta
/la amalgama de amores que cultivo: /una flor para el Che, toda la huerta /
para el Dios de Jesús, si me desvivo / por bendecir una alambrada abierta / y
el mito de una aldea redivivo”
… Si nos causan extrañeza todas las opciones
que la solidaridad dio a Casaldáliga libertad para abrazar, entonces: “tenedme simplemente por cristiano / si me
creéis y no sabéis quién soy”.

Y con toda su huerta
para el Dios de Jesús, pudo Casaldáliga describir así su fe: “Al acecho del Reino diferente / voy amando
las cosas y la gente, / ciudadano de todo y extranjero. / Y me llama Tu Paz
como un abismo / mientras cruzo las sobras guerrillero / del mundo, de la
Iglesia y de mí mismo”
. Al hablar de las sombras, cualquier otro hubiera
dicho que lo que me llama es “Tu luz”. Pero el poeta no pretende ser ningún
intelectual que cree saber más que otros. Transita en la oscuridad pero llamado
por una “paz” (que alude más a lo experiencial que a lo meramente intelectual)
y que es el don característico de Jesús.

Esa paz le dio
libertad también para encararse y resultar molesto a la institución eclesial
cuando hizo falta; porque “por este mero
hecho de ser también obispo / nadie me va a pedir, así lo espero hermanos /
nadie me va a pedir que ponga piedras / en esta honda cavidad del pecho”.
Y
si la Iglesia se apartaba de los pobres, Don Pedro soltaba la crin y la ternura
para decirle: “Yo pecador y obispo me
confieso / de soñar con la Iglesia / vestida solamente de evangelio y sandalias
”.
Y para decirle claramente al papa: “deja
la curia, Pedro / desmantela el sinedrio y la muralla / ordena que se cambien /
todas las filacterias impecables / en palabras de vida temblorosas
”.

Él contaba que
escribía sus poemas en los largos viajes de Sao Felix a Brasilia para reuniones
de la conferencia episcopal brasileira. El viaje dura exactamente 24 horas de
autobús. Don Pedro nunca ha querido ir en avión. Con un par de bocadillos, una Coca-Cola
y una libreta, y con “toda su huerta para el Dios de Jesús” viajaba, rezaba y
escribía el poeta, guerrillero de sí mismo.

Todo eso deja un par
de preguntas muy importantes para nuestra fe. ¿Creo que esa libertad que brota
de la misericordia es la mayor señal de identidad de Jesús y del Dios de Jesús?
¿Creo, y estoy dispuesto a aceptar, que quien se deje llevar por el Espíritu de
esa libertad misericordiosa, se expone a ser crucificado o marcado con algún
sambenito, o a compartir como sea el destino del Maestro?

Si
lo creemos así, no queda más que rezar un poco asustados: Que Dios me sostenga.

José Ignacio González Faus

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